
No me puedo resistir. Lo he intentado pero no puedo: los chicos de oro han perdido su primer partido contra una potencia futbolística como es...¡Suiza! (Aquí va una onomatopeya de carcajadas). Reconozco que me ha dejado indiferente, ni me he mesado los cabellos, ni he hecho jirones mis ropajes, ni me he lamentado amargamente. Por mi parte como si pierden todos los partidos y se vienen a casa a descansar de su penoso trabajo. No me afecta ni anímicamente ni económicamente ya que aunque se piensa que las astronómicas primas y sueldos que cobran las pagamos entre todos, no es cierto en parte. La RFEF recibe una aportación del Estado de unos 8 millones de euros y el resto, otros 80 millones de euros (sí, unos 13.000 millones de pesetas, una cifra absolutamente inmoral), lo obtienen de sus patrocinadores privados, de los contratos publicitarios y de los derechos de imagen. Por tanto mientras que no salga de mi bolsillo directamente me trae al pairo, aunque sale indirectamente ya que cada vez que bebemos una Cruzcampo o encendemos la luz y pagamos a Iberdrola parte de lo que nos facturan va a las arcas de los futboleros. ¡Ah!, se me olvidaba con este lío: el gobierno rebaja el coste de los despidos, pero eso ante la catástrofe que ha ocurrido no importa.











