3 de junio de 2008

Apariciones


Todo empezó hace cosa de un mes, cuando una mañana al llegar a la oficina una compañera se encontró una blusa colgada de la percha del baño de chicas. Al principio, nadie dio importancia a la aparición, pues su dueña, antes o después la echaría en falta y se la llevaría. Simplemente nos hizo gracia que la propietaria no se diese cuenta de inmediato y que regresa a casa en autobús o en metro sin blusa. A pesar del ello, el tiempo pasó y la blusa continúo en la misma percha, sin ser reclamada por nadie, con lo que nos fuimos olvidando del misterioso hallazgo.

Un par de semanas más tarde, la historia se repitió. En esta ocasión un llavero bastante hortera, del que colgaban una caracola y las llaves de una casa, asomaba tímidamente bajo la taza del lavabo de chicos. El compañero que lo encontró dio por sentado que a alguien se le había caído mientras hacía uso del retrete, por lo que fue preguntando uno a uno por la oficina a la par que recibía un no tras otro como respuesta. Puesto que el llavero llevaba la inicial "A" se insistió especialmente en las Anas, los Antonios y los Armandos, sin obtener ningún resultado relevante.

Mientras, en el día a día de la oficina han continuado apareciendo de forma esporádica algunos objetos a los que apenas se les ha dado importancia, como algún que otro tarro o frasco con extravagantes delicatessen, un melón que día a día iba siendo devorado, páginas y páginas que salían por cualquiera de las impresoras sin que nadie las mandase imprimir... Después empezamos a recibir llamadas preguntando por compañeros que no trabajaban aquí, a la vez que en los ordenadores empezaron a aparecer trabajos que ninguno de nosotros había diseñado y en el calendario del corcho de la pared iban figurando las vacaciones y los puentes que iban a disfrutar personas que no conocíamos. Y poco a poco nos fuimos acostumbrando a vivir con sus presencias.

Últimamente, desde que llegamos por las mañanas todo nuestro trabajo ya está hecho. Simplemente tenemos que buscarlo entre las carpetas del ordenador y enviarlo a imprenta. De vez en cuando aún cometen algún error, pero cosa de poca importancia, basta corregirlo, vigilar que han vinculado bien las imágenes y que no se les haya pasado ninguna fotografía en RGB antes de volverlo a mandar a imprenta.

Ahora lo que tememos es que algún día nuestro jefe se de cuenta de que no hacemos nada, decida prescindir de nosotros y ellos ocupen definitivamente nuestros puestos.

4 comentarios:

Cristina dijo...

¡¡¡Mías, mías!!! ¡¡¡Son mías!!!

¡¡¡Y la blusa también!!!

El abuelo dijo...

¡Cielos!, es como una peli de Amenabar, ¿son pequeños?, ¿les molesta la luz?, ¿somos nosostros los intrusos en su mundo que es el real? ¡Dios!, necesito una copa...

Javi dijo...

Cristina, si de verdad ese llavero es tuyo, hasta los del Cajamadrid tienen mejor presencia.

¿entonces es cierto que sales por ahí sin blusa?

La novia de Pitt dijo...

Son las musarañas, que se han cansado de ser observadas sin ser vistas, pero sí nombradas...
Empezaron a actuar mucho antes de la blusa a flores o del caviar finés, finlandés o noruego... mucho antes del cabreo de la máquina que imprime emails de destinatarios cruzados... empezaron mucho antes de que tú y yo perdieramos la paciencia y nos quedáramos colgados en ellas... las musarañas...

Encadenados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...